viernes, 7 de mayo de 2010

Esa sonrisa

Una tarde tenue otoñal en las montañas,

Montañas rojas y cuantiosas de agua,

Entre cabras y ovejas,

Una sonrisa hallé

Sonrisa dulce y misteriosa.

Y con la misma curiosidad que mató al gato.

A esa sonrisa aceché,

Aunque con dificultad la alcancé,

Entre cimas y cumbres volví a perder

Pero esperanzas guardé,

Por lo que nuevamente encontré.

Esta vez me hizo una promesa antes de irse.

Promesa de regresar muy pronto y sonreírme,

Y con un abrazo nos despedimos.

¡Maldito otoño!! ¡Maldito viento!!

Porque de mis brazos voló.

Pena sentía, pero la vida seguía.

Pasando los días, un susurro en el aire me llegó;

Una blanca paloma mensajera me reveló

El nuevo lugar de la sonrisa,

Un lugar lejos y a la vez cerca

Nuevamente la curiosidad que mató al gato irrumpió

Y a buscarla comencé.

Por el camino percibía olores cálidos y abrazadores

Así mismo tropecé con sonidos hipnotizadores

Y Terroncitos de azúcar.

A cada paso que daba me invadía

Una obsesión enfermiza.

La curiosidad del gato, por el largo camino que recorrió;

Sedienta se sentía,

Por lo que un pozo escavaría,

Mientras lo hacía, descubrió; que en las profundidades estaba,

El nuevo hogar de tan buscada sonrisa.

Y sin pensarlo ni una, ni dos, ni tres veces,

Juntas nos lanzamos.

Mientras saltaba; vertiginosa felicidad hallé,

Melodías, juegos, ilusiones, esperanzas…

Todo se reflejaba en el fondo.

Pero al llegar; silencio y sequedad alcancé,

Por lo que herida me quedé

Y junto al gato perecí.

¡ Triste final!!

Puesto que buscando esa sonrisa

La mía olvidé.

Pero aquí no se queda la cosa,

Porque siete vidas tiene el gato y tan solo una había gastado.

Suerte tenía, porque el gato me recordó que lagrimas poseía

Y que con mi llanto resucitaría.

Y entonces valoraría en ese día

Mi propia sonrisa fuerte y bonita

Como describió una amiga un día

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