Una tarde tenue otoñal en las montañas,
Montañas rojas y cuantiosas de agua,
Entre cabras y ovejas,
Una sonrisa hallé
Sonrisa dulce y misteriosa.
Y con la misma curiosidad que mató al gato.
A esa sonrisa aceché,
Aunque con dificultad la alcancé,
Entre cimas y cumbres volví a perder
Pero esperanzas guardé,
Por lo que nuevamente encontré.
Esta vez me hizo una promesa antes de irse.
Promesa de regresar muy pronto y sonreírme,
Y con un abrazo nos despedimos.
¡Maldito otoño!! ¡Maldito viento!!
Porque de mis brazos voló.
Pena sentía, pero la vida seguía.
Pasando los días, un susurro en el aire me llegó;
Una blanca paloma mensajera me reveló
El nuevo lugar de la sonrisa,
Un lugar lejos y a la vez cerca
Nuevamente la curiosidad que mató al gato irrumpió
Y a buscarla comencé.
Por el camino percibía olores cálidos y abrazadores
Así mismo tropecé con sonidos hipnotizadores
Y Terroncitos de azúcar.
A cada paso que daba me invadía
Una obsesión enfermiza.
La curiosidad del gato, por el largo camino que recorrió;
Sedienta se sentía,
Por lo que un pozo escavaría,
Mientras lo hacía, descubrió; que en las profundidades estaba,
El nuevo hogar de tan buscada sonrisa.
Y sin pensarlo ni una, ni dos, ni tres veces,
Juntas nos lanzamos.
Mientras saltaba; vertiginosa felicidad hallé,
Melodías, juegos, ilusiones, esperanzas…
Todo se reflejaba en el fondo.
Pero al llegar; silencio y sequedad alcancé,
Por lo que herida me quedé
Y junto al gato perecí.
¡ Triste final!!
Puesto que buscando esa sonrisa
La mía olvidé.
Pero aquí no se queda la cosa,
Porque siete vidas tiene el gato y tan solo una había gastado.
Suerte tenía, porque el gato me recordó que lagrimas poseía
Y que con mi llanto resucitaría.
Y entonces valoraría en ese día
Mi propia sonrisa fuerte y bonita
Como describió una amiga un día
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